Política y Humanismo (IV). En busca del ágora perdida


4.- En búsqueda del ágora perdida
La profunda crisis que arrastró a nuestro país y al resto de las naciones emergentes con la consiguiente pérdida de soberanía permitió que la agenda pública fuese determinada desde los poderes centrales. Por encima de identificar culpables – que los hay- existe responsabilidad compartida por habernos asociado por acción u omisión a un proceso de desmantelamiento económico, social y cultural. Carlos Strasser en el prólogo de su libro “La vida en la sociedad contemporánea”- al explicar las razones de su escrito dice: Aquí paso a compartir con otros mi ejercicio; me interesa mucho hacerlo, en particular con las conciencias que están todavía felizmente despiertas entre tantas que se han disuelto en la masa enorme del público, hoy vuelto sobre sí mismo y encerrado, individuo por individuo”.
La idea central que me anima es la necesidad de poner en foco lo que entiendo constituye el eje sobre el que hay que vertebrar un nuevo orden social y político. Y no es sino la revalorización de la política como actividad esencialmente integradora de los diversos intereses en juego en toda sociedad, teniendo en claro que un nuevo diseño institucional no puede asumirse como la solución inmediata de todos nuestros males. Romper la anquilosada trama de relaciones políticas, sociales y económicas construidas al amparo de una democracia autista requiere algo más que protestar y manifestar según los intereses afectados. Se necesita voluntad de cambio, una participación constante y primordialmente, tomar conciencia que el verdadero cambio debe darse en el factor humano.
Y para recuperar esta condición que está profundamente ligada con la idea de comunidad política creo, más allá de “la nueva política” o de nuevos modelos de gestión que son necesarios, es indispensable promover una profunda acción terapéutica sobre la sociedad misma. Subyace aquí una idea que debiera asumirse como un imperativo moral: la construcción de un nuevo humanismo; cuestión que se abordará más adelante.
Quiero antes sí volver sobre el concepto de lo público y lo privado y la necesidad de reconstruir una sociedad que Bauman denomina autónoma; es decir, una sociedad consciente de su historicidad y de los límites y la transitoriedad de sus creaciones en tanto el hombre que la conforma cuando actúa lo hace desde un espacio determinado, en un tiempo dado, y con un sentido, y que por ello genera reflexivamente acciones que resultan trascendentes. Cuando el hombre (y en consecuencia la sociedad) genera acciones, construye y crea de forma trascendente es cuando promueve los saltos cualitativos que permiten la evolución de la humanidad misma.
De ahí también la importancia de la política. En tanto la actitud reflexiva, la capacidad crítica es de la esencia de la política como actividad destinada a mejorar la calidad de vida de las personas, su revalorización es también una clave esencial en la construcción del nuevo paradigma que se formula.
Aquel postulado cínicamente expresado por Tatcher en los albores del proceso neoliberal, alrededor de los años ochenta que “la sociedad no existe, existe el mercado” es todo un reflejo del modo en que el sistema de dominación imperial no territorial delineado en las potencias centrales desarrollaría su accionar en los países subdesarrollados tan pronto los postulados del Consenso de Washington fuesen impuesto a caballo de la deuda externa.
Importó la destrucción de lo colectivo, la apropiación de la esfera pública y social por el mercado y el interés privado, la imposición de las reglas de juego, el ultraje de la soberanía y la posibilidad cierta de que los mercados financieros dicten sus leyes a las empresas y a los Estados.10
Debe merituarse asimismo que los atisbos de un orden internacional supranacional, consensuado e igualitario fue virtualmente abortado por la acción unilateral de los EEUU, más aún a partir del 11-S. Este acontecimiento alimentó la vieja idea norteamericana del “destino manifiesto”. William Pfaff alentó ese concepto en “la creencia de que la modernización, la occidentalización y la americanización son beneficios absolutos e íntegramente relacionados, factores necesarios para el establecimiento de un orden social justo en la sociedad”11. Al concebirse a sí mismo como modelo, no busca necesariamente el consenso, sino su hegemonía12.
Quiero ahora volver a una clásica distinción entre la esfera pública y la esfera privada: el “oikos”, el hogar y la “ecclesia”, el lugar de la política. Entre ambas esferas los griegos situaban una esfera comunicante, una suerte de interfaz que permitía resolver las cuestiones generales sin afectar lo individual. Esta otra esfera la denominaban “ágora”. Una suerte de territorio de todos, pero sin ningún dueño en particular.
Cuando lo que está en retirada de esa interfaz es lo público (léase la política) el espacio queda en manos de los intereses privados y por lo tanto la distancia entre el poder público y la política es cada vez mayor.
La sociedad se desarticula, queda presa de los especuladores de siempre, pero al mismo tiempo se ciega por las luces de la postmodernidad y mansamente se entrega a la orgía mediática que incentiva el consumo y el paradigma del parecer, en la que la televisión es el instrumento por excelencia para someterla. Como recuerda Bauman, citando a Bordieu, la televisión se ha transformado para los intelectuales, en lo que el espejo era para Narciso. La velocidad es la clave de la televisión y el resultado es la ausencia de pensamiento reflexivo. Todo es flash.
Cuando el Estado cede frente a esa ofensiva cultural y privilegia las reglas del mercado, el hombre que en una sociedad política es esencialmente una persona -ciudadano, se transforma en un individuo-consumidor.
Si el Estado se desentiende de poner freno al mercado, si se desentiende de la seguridad, si omite proteger a los excluidos y en general de brindar apoyo al hombre común, si no actúa a favor de los más débiles, entonces favorece a la elite dominante, sea por connivencia o por cooptación.
En este marco en que el Estado se retira de sus actividades esenciales se configura un sistema político institucional en el cual el hombre y, por ende, la sociedad queda desprotegido y a merced del mercado. La sociedad del compromiso cede paso a la sociedad indiferente; las relaciones que los hombres ahora traban entre sí son débiles, coyunturales, adaptables. Se construye un hombre modular, preparado para responder ante el estímulo del mercado, una reacción casi pavloviana donde el pensamiento es sustituido por el deseo a poseer. Un proceso de despersonalización deliberadamente concebido y ejecutado para proveer consumidores al mercado.
La mayor expresión de la pérdida del concepto humanista se desprende del cuadro universal de degradación del ser humano reducido a un número por el Poder hasta transformar a una inmensa legión de hombres y mujeres en seres sin destino, dispuestos a todo y a merced de un sistema apocalíptico que genera su propia destrucción13. John K. Galbraith había anticipado, en un análisis descarnado de la sociedad norteamericana, la existencia de una amenaza constante de conflicto, delito y desorden social de lo que denomina la “subclase”, al expresar que el tráfico de drogas, otro delitos y el nivel de desintegración social eran ya elementos de la existencia cotidiana, producto del desempleo, la ausencia de movilidad social - y agrego, la discriminación -; datos estos que los ubicaba tanto en ciudades de los Estados Unidos como en centros urbanos europeos. Lo más sorprendente, afirmaba a principios de la década del 90, que pese a que haya habido brotes de violencia…es su relativa tranquilidad. Pero esto, y debe quedar claro desde el principio, es algo con lo que nadie debería contar en el futuro”.14
Como el “cómo” sin importar “por qué” pareciera tener validez universal, se coloca al individuo en el centro de la lógica de la eficacia, al margen de cualquier regla (solo lo que funciona para mí es verdadero). Puro utilitarismo y egoísmo. Se enmascara la realidad y se genera la ilusión de que lo verdadero es justo, para afirmar que todo lo eficaz es por ello, justo, ignorando por qué se hacen las cosas, para qué sirven y que utilidad producen15.
Paradójicamente vivimos en un mundo que ha producido fenomenales cambios tecnológicos y a su vez, ha generado aberrantes inequidades económicas y sociales. Paulo VI, mucho antes que la burbuja financiera dominara el escenario planetario a caballo de la globalización, supo calificar ese cuadro social como el “escándalo de las disparidades hirientes”.
Si lo que se ha perdido es ese espacio común, del que no es dueño ninguno, pero en el que todos buscan respuesta a su propio destino y a la vida en sociedad, resulta necesario redefinir lo público y que a su vez implica rediseñar las relaciones entre el Estado y la sociedad. La propuesta entonces consiste en un nuevo paradigma organizacional, pero para ello se debe centrar el pensamiento y la acción en reconstruir al hombre.
Se debe recuperar el sentido de lo colectivo porque en verdad actuamos en sociedad con menos conciencia que las hormigas en un hormiguero. Obramos conforme a modas o costumbres o respondiendo a órdenes, pero a diferencia de aquellas que tienen noción de su hábitat, nosotros nos movemos individualmente, en busca de réditos individuales, sin que importe el conjunto. No reconocemos nuestro hormiguero, y ello importa, en esencia, pérdida de identidad.16

10 Véase Ignacio Ramonet; “Efectos de la globalización en los países en desarrollo”, en Le Monde Diplomatique, Nro. 14, agosto 2000.

11 Aut. Citado, “El resurgimiento del “destino manifiesto” en Revista “Política Exterior” Nro. 86, marzo-abril 2002, pág. 85.

12 Zbigniew Brzezinski, ante la pregunta acerca de si existe un estilo imperial propio o se comporta como todos los imperios, dijo:” Tiene un estilo propio...el sistema global estadounidense pone mucho más énfasis en la cooptación (como en el caso de Alemania, Japón y ahora Rusia) que otros imperios. Depende del ejercicio indirecto de la influencia sobre las elites extranjeras, al mismo tiempo que se beneficia de la atracción que ejercen los principios y las instituciones democráticas que tiene. Todo eso fue reforzado por la dominación que tiene EE.UU. sobre las comunicaciones globales, el entretenimiento popular, la cultura de masas y las ventajas que tiene en lo que respecta a los avances tecnológicos. Lo que llamaríamos el imperialismo cultural estadounidense”. Ese poder se ejerce “a través de organizaciones políticas, económicas y militares que gozan de consenso, como por ejemplo la OTAN, el FMI, el BM, APEC, la Organización Económica del Pacífico Asiático. A diferencia de otros imperios, este complejo sistema global no es una pirámide con jerarquías. Más bien, EE.UU. está en el centro de un universo interconectado en el cual el poder se ejerce a través de negociaciones continuas, diálogo, difusión y búsqueda formal de consenso, incluso si el poder se origina en una sola fuente llamada Washington D.C.” (Fuente: Diario Clarín, Argentina; edición del 26 de octubre de 1997.).
13 “…Ustedes nunca mi miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria….Qué hicieron? Nada…ahora estamos ricos en la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social…estamos en el centro de lo insoluble mismo…No hay más proletarios, o infelices, o explotados…Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad…La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio…” (Extracto de la entrevista a Marcos Camacho (Marcola), jefe de la banda carcelaria de San Pablo publicada en mayo de 2007 en el diario O Globo de Brasil en su Editorial Segundo Cuaderno). Se reconoce que la producción mercantil de la droga genera ganancias entre 300 y 500 mil millones de dólares anuales. Ya en 1987, la Drug Nacional Policy Board informó que estuvieron disponibles en el mercado norteamericano entre 300 y 400 Tn métricas de cocaína, y entre 6 mil y 12 mil Tn métricas de marihuana.

14 Ha habido sorprendentemente pocos comentarios sobre por qué las comunidades minoritarias de Nueva Cork, Chicago, Los Ángeles y otros lugares, antes pobres pero benignas y culturalmente atractivas, son ahora centros de terror y desesperación. La razón es que lo que era un paso que iniciaba el ascenso en la vida económica se ha convertido ahora en un callejón sin salida. (Aut. Citado; La cultura de la satisfacción, Emecé Editores, Buenos Aires, 1999; pág. 46 y sig.). El anticipo de este autor se reflejó como un dato cotidiano a finales de octubre de 2005 con la revuelta en las ciudades de París, Niza, Marsella y otros centros poblados. Un índice resulta revelador de las causas: mientras la desocupación entre los franceses de origen era del 9%, entre la población de origen magrebí y subsaharianos alcanzaba el 14%. Desempleo, precariedad sanitaria y descuido institucional ha facilitado además el reclutamiento de jóvenes entre 14 y 20 años por parte de la mafia.
En China se reconoció oficialmente que en 2005 hubo 87.000 disturbios sociales, la mayoría protagonizado por trabajadores industriales subempleados.

15 Sobre el particular; Luciano Parejo Alfonso; Eficacia y Administración; MAP, Madrid, 1995.
16Explica Nigel Franks que es sorprendente el sistema que usan las hormigas para elegir la dirección de sus expediciones de guerra: durante la fase sedentaria, las hormigas soldado envían sus grupos de exploradores u observadores avanzados en 14 direcciones diferentes, que cambian sucesivamente, en el sentido de las agujas del reloj, separadas unas de otras por exactamente 123° de arco. Este procedimiento se ha verificado como el necesario para dar tiempo a una presa o enemigo nuevo a aparecer en una dirección que ya había sido explorada anteriormente y se había mostrado sin interés. Pero ¿cómo pueden las hormigas determinar la dirección en medio de un denso bosque tropical, teniendo un sistema visual rudimentario? Toda la colonia, dice Franks se comporta como un gigantesco ojo compuesto, donde cada hormiga en el frente de ataque contribuye prestando a la colonia dos lentes multifacetados, para crear entre todas un inmenso ojo de 10 a 20 metros de ancho, con cientos de miles de facetas".("Army Ants: A Collective Intelligence", (American Scientist, 77:139, 1989). La inteligencia del hombre no ha logrado, hasta hoy, crear una sociedad perfecta. Esto ocurre porque, como se ha visto, para una sociedad perfecta es necesaria una inteligencia perfecta, basada en relaciones perfectas entre los miembros. La hormiga ha demostrado, a la luz de nuestros conocimientos actuales, poseer una inteligencia colectiva mucho más perfecta que la que las sociedades humanas pueden aspirar a lograr jamás. La clave, que ellas han descubierto hace más de 180 millones de años, es que la inteligencia individual no sirve para sostener una sociedad perfecta si las relaciones entre sus miembros no están ordenadas de una manera también perfecta. http://axxon.com.ar/c-118Hormigas.htm


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