Un filósofo y el poder de la economía: "Los individuos pobres no son libres"
Tzvetan Todorov, pensador
francés, alerta sobre el alejamiento de valores como la libertad, el laicismo y
la racionalidad.
Por Berna González Harbour - La República
El filósofo búlgaro nacionalizado
francés coloca el punto de transición, la curva en la cual todo se desvaneció,
no en la crisis desencadenada en 2008 sino en la caída del muro de Berlín y en
la ruptura, a partir de aquel momento, del equilibrio entre las dos fuerzas que
deben convivir en una democracia: el individuo y la comunidad.
–¿Sirve todavía su inventario de
valores? ¿La libertad del individuo, por ejemplo?
–Nuestra democracia liberal ha
dejado que la economía no dependa de ningún poder, que esté dirigida solo por
las leyes del mercado, sin ninguna restricción de las acciones de los
individuos y por eso la comunidad sufre. La economía se ha vuelto independiente
y rebelde a cualquier poder político y la libertad que adquirieron los más
poderosos se ha convertido en la falta de libertad de los menos poderosos. El
bien común ya no está defendido ni tutelado. Y la liebre libre en el gallinero priva
de libertad a las gallinas.
–Hoy el individuo es más débil.
¿Qué libertad le queda ahora?
–Paradojalmente es más débil, sí,
porque los más poderosos tienen más, aunque son un grupo reducido, mientras que
la población se empobrece y la desigualdad aumenta vertiginosamente. Y los
individuos pobres no son libres. Cuando no es posible encontrar el modo de
curar tu enfermedad, cuando no podés vivir en la casa que tenés porque no la
podés pagar, no sos más libre. No podés ejercer la libertad si no tenés poder,
y entonces se transforma en una palabra escrita en los papeles.
–Cuando los derechos se
convierten en una realidad formal, ¿qué queda?
–Queda la posibilidad de
protestar, de dirigirse a la justicia. No es necesario cambiar los principios,
porque ya están escritos, pero hemos visto que hay muchas maneras para
eludirlos y es necesario que el poder político no capitule ante el poder de aquellos
individuos que infringen el contrato social en favor propio. La idea de
resistencia me parece fundamental en la vida democrática. Es necesario estar
alerta, la prensa debe cumplir un rol cada vez más importante en la denuncia de
las violaciones los partidos, hace falta que la gente pueda intervenir, pero sé
que esto requiere ser suficientemente vigilantes, valerosos y activos.
–En 2008, usted definió los
países occidentales como “países del miedo”, en referencia a los países del
apetito, del resentimiento o de la indecisión. ¿No somos víctimas de todo esto?
–Las devastaciones causadas por
el miedo han sido inmensas, como hemos visto en el informe del senado de
Estados Unidos de las torturas de la CIA o en el caso Snowden, que ha revelado
que Estados Unidos controlaba el teléfono de Angela Merkel como si ella pudiese
representar una amenaza. La idea de que se pueda legalizar la tortura es un
shock para quien cree en los valores de la democracia y los europeos la han
aceptado dócilmente. Las revelaciones de Snowden son muy inquietantes por el
principio que está detrás, el principio de un estado casi totalitario que
obtiene toda la información posible sobre sus ciudadanos, como hacían la KGB o
la Stasi en países totalitarios como la URSS o Alemania del Este. En ese
entonces se usaba un sistema de delación anónima hoy arcaico, porque la
tecnología hace más fácil la recolección de información, pero con todo esto las
libertades individuales se reducen a una quimera.
–¿Cómo será Europa después de la
crisis?
–No sé si la crisis va a
terminar. Sabemos que las economías no obedecen a fuerzas racionales, son
fuerzas de pasiones o de locura, fuerzas que desafían todos los pronósticos;
quizá desaparezca en 2015 o quizá nunca, o podremos permanecer en ella durante
otros diez años.
Traducción Román García Azcárate
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