Argentina y la Agenda del Siglo XXI (3) - Acuerdo para la Convivencia. La verdad como presupuesto de la Paz Social

Acuerdo para la Convivencia

1.- La verdad como presupuesto de la Paz Social
Hemos afirmado en otra oportunidad que así como hay un tiempo para todo y un lugar para cada cosa, y la indolencia no hace sino arrastrarnos a una dolorosa pendiente por la que se nos escapa nuestra propia existencia, es importante buscar la verdad. La insurrección de la verdad, reivindicarla como un dato central en nuestro obrar; porque su ausencia es si no el mayor, uno de los más acuciantes problemas de este tiempo. Su negación es la clausura del conocimiento y de la propia libertad. Somos sujeto y fin de toda la creación y de todo aquello que como humanos construimos, el conocimiento fundado en la verdad es un imperativo ético, de compromiso de todos, y de cada uno con nuestros semejantes. Pertenecemos al mundo de la cultura. Transitamos el camino de la vida desde una dimensión que es histórica y axiológicamente determinada por la moral en tanto somos conscientes de nuestro obrar. Somos, en tanto somos capaces de construir y transformar lo dado sin desconocer el deber ser.
Olvidamos que el valor supremo es la vida misma. Y sobre ese valor es que deben promoverse todas las acciones. Que la vida es, esencialmente, una actitud de servicio, más que de logros personales. Cómo recuperar la cultura del esfuerzo?, la idea del progreso?, la formulación de nuevos ideales?; el amor por la naturaleza y por los seres vivos?, el renacer de las utopías?, nuevos objetivos políticos?, si no somos capaces de buscar la verdad, como dato central para fundar un proceso que amalgame los intereses en disputa.
El concepto de la verdad está íntimamente ligado al imperativo ético del deber. Decir la verdad es un compromiso de todos los que formamos parte de la sociedad, no es una categoría aplicable sólo a un sector. Se conspira contra la Paz Social cuando se presentan a los derechos humanos como una reivindicación exclusivamente sectorial en el marco del denominado “Proceso”, pero también se subvierte el fundamento de esa Paz Social, cuando se informa  con parcialidad, o cuando a los políticos solo les preocupa su imagen y acomodan su discurso para mejorar en las encuestas, cuando un slogan puede más que la realidad misma, cuando se apela al sentir democrático o antidemocrático para denostar al otro, cuando el pensamiento binario determina las acciones (patriotas o vende patrias, demócratas o desestabilizadores). 
Hace tiempo, Julián Marías, refiriéndose al concepto de la Verdad, el Deber y la Libertad, escribía que si hiciese un inventario entre lo que se dice y lo que se oculta el resultado sería una aterradora distorsión de la realidad que perturba el sistema de creencias, impide la orientación y condiciona el horizonte proyectivo de la vida[i]. En nuestro país ello está ocurriendo a un nivel en extremo preocupante. Se vive, siguiendo la lógica del pensador español, contra la verdad.
Los esfuerzos que algunos dirigentes están realizando para promover un acuerdo patriótico que nos permita reconstruir los sueños colectivos, se centra primordialmente en líneas de acción operativas, pero parecen no acentuar este aspecto que es central para el lanzamiento efectivo de ese acuerdo.
Nuestro país necesita desarmar los espíritus. No puede haber entonces, verdades a medias, porque ello importa ocultar parte de la realidad que vivimos, o de los acontecimientos del pasado que nos pesan aún en nuestra conciencia. Debemos adoptar la verdad como consigna. Sin ella no puede haber reconciliación y nos hundiremos en un estado de aparente concordia que se asemeja a un ser vivo en estado vegetativo.
Debemos enfrentar los hechos, aunque ello duela, exponga broncas, llantos o rabia. Debemos rendirnos cuenta a nosotros mismos, sin estridencias, pero con firmeza y sincera expresión.
Los partidos políticos, las organizaciones empresarias, gremiales y culturales deben hacer un “mea culpa”. No se puede seguir invocando la justicia social “desentendiéndose” de las responsabilidades de décadas en el ejercicio del gobierno; no se puede seguir invocando la paternidad democrática, poniendo en saco roto la complacencia en  el pasado con los golpes militares; no se puede seguir invocando la defensa de los trabajadores cuando se ha adscripto a políticas de expoliación del hombre argentino; no se puede seguir invocando al capital como el motor del desarrollo, cuando se ha sido funcional a la construcción de un Estado prebendario. No se puede, no se debe en realidad, pretender alcanzar acuerdos si por error, u omisión, barremos nuestras miserias debajo de la alfombra.
Lo hecho, hecho está? Pero quien corre el velo para mirar lo hecho? El sincero arrepentimiento público de los errores, el apego a la verdad y la Justicia como presupuesto para la Paz Social, es el camino para la reconciliación.  



[i] Autor cit; Tratado sobre la Convivencia, Concordia sin acuerdo; 1ra Reimp. argentina, Bs As: Editorial Planeta, 2000, pág.70.

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