Rehabilitar la Política
DECLARACIÓN DE LA COMISIÓN SOCIAL DEL EPISCOPADO
Francia
REHABILITAR LA POLÍTICA
(17 de febrero de 1999)
Traduce y transcribe Juan Manuel Díaz Sánchez
Instituto Social “León XIII”
Madrid, octubre de 2000
INTRODUCCIÓN
1. La Comisión Social de Obispos de Francia desea
presentar una visión política renovada y suscitar, en este sentido, nuevos
comportamientos. Se propone ayudar a reconocer nuevas urgencias. En efecto, la
llegada del euro y la construcción europea, la invasión de la mundialización económica, financiera y mediática, la amplitud de las
innovaciones tecnológicas y las alteraciones que todo ello implica interpelan a
la conciencia universal, a los responsables políticos ya cada ciudadano.
2. Solidarios del género humano, los cristianos y las
cristianas no pueden hacer caso omiso de las realidades de este mundo envuelto
en una mutación rápida y sin precedentes en todos los ámbitos.
Participan, con todos, en la construcción continua del
futuro de su ciudad, su región, su nación, Europa, la comunidad de naciones y
la humanidad al completo. En Francia, vivimos en una sociedad laica. Esta
situación no implica en ningún caso que la dimensión religiosa y la dimensión
ética se encuentren alejadas del espacio público. Los católicos participan, al
igual que el resto de los ciudadanos, en los debates políticos. Resulta
legítimo que tomen la palabra para defender sus propias convicciones cristianas, respetando las de los
demás.
3. La política es una obra colectiva, permanente, una
gran aventura humana. Cada vez tiene dimensiones nuevas y más extensas.
Concierne tanto a la vida cotidiana como al destino de la humanidad en todos
los niveles. La imagen que tiene en nuestra sociedad ha de ser revalorizada. Se
trata de una actividad noble y difícil. Los hombres y las mujeres que se
comprometan a ello, así como todos aquellos y aquellas que deseen contribuir a
lograr la "convivencia", merecen todo nuestro apoyo.
CAPÍTULO I. UNA VISIÓN LÚCIDA ACERCA DE LA REALIDAD
POLÍTICA
I. La política devaluada
4. El sentido de lo político tiende a embotarse y a
degradarse. Señalemos algunos síntomas de este mal.
Una impresión de impotencia
La opinión pública tiene la sensación de que los
gobernantes sucesivos son incapaces de resolver los grandes problemas actuales y diseñar un futuro: se
multiplican las medidas y las ayudas públicas, pero el desempleo no retrocede
apenas y las pobrezas se acentúan. La criminalidad y la delincuencia aumentan en determinados barrios de
numerosas ciudades. Engendran nuevos miedos.
Las desigualdades sociales se endurecen y provocan
estallidos territoriales. De esta forma, el vínculo social y la cohesión social
se ven amenazados. Además, los hombres y las mujeres comprometidos en política
suelen mostrarse incapaces de llevar a cabo reformas profundas y necesarias, de
prever el futuro. Sus decisiones se adoptan a corto plazo, a menudo bajo una
perspectiva electoralista. Por su parte, un gran número de personas se queja de
la superabundancia de leyes y reglas. Pero en cuanto ocurre un incidente o un
imprevisto, reclaman que se legisle e intentan designar culpables. Es posible
que esperen demasiado de la acción política y no perciban adecuadamente los
límites. La gestión de los negocios urbanos es una labor cada vez más
intrincada debido a la complejidad creciente de los problemas, de su
interdependencia y de la rapidez con que se producen los cambios técnicos, lo
que dificulta la marcha atrás y la reflexión necesarias.
Un alejamiento de los centros de decisión
5. Los centros de decisión parecen alejarse y perderse en
el anonimato, mientras que los márgenes de iniciativa van acortando. Los
responsables políticos y socio-profesionales se enfrentan a la complejidad de
los problemas, a la urgencia del momento, a la lógica despiadada de los
mercados.
A menudo se sienten tentados a acudir a expertos, a ceder
ante los grupos de presión o la opinión de la calle. Una clase dirigente
despojada de las preocupaciones cotidianas de la población no podría cumplir
sus promesas. Aumenta el abismo entre la oferta institucional y la demanda
ciudadana. Muchos de estos últimos renuncian a comprender lo que está
ocurriendo, a intervenir en el destino colectivo. He ahí el porqué de la fuerte
disminución de la militancia, la participación electoral irregular, el absentismo creciente y la disminución
de los inscritos en las listas electorales, sobre todo entre las generaciones
jóvenes.
Los "negocios"...
6. Numerosos "negocios" en los que han
participado personalidades y partidos han provocado acusaciones, sospechas,
amalgamas y generalizaciones. Han salpicado al mundo político y en su conjunto,
incluso aunque se hayan visto involucradas determinadas personas y aunque,
probablemente, fueran igual de frecuentes en el pasado. Todos estos incidentes
minan la confianza de los ciudadanos. ¿Podría reducirse la política a una mera
gestión de expedientes complejos, a la solución de conflictos de intereses, la
regulación de egoísmos corporativistas o locales, la sumisión a la lógica de
aparato de los partidos? Un debilitamiento tal abriría el camino al
renacimiento de ideologías extremistas que explotan los miedos y desarrollan
temas demagógicos que conducen a exclusiones y al odio.
II. La finalidad de la política
7. Ante este cuestionamiento, afirmamos que la política
es esencial: una sociedad que la menosprecie se pone en peligro. Resulta
urgente rehabilitarla y replantearse en todos los ámbitos (educación, familia, economía, ecología, cultura,
sanidad, protección social, justicia...) una relación activa entre la política y la vida cotidiana de los ciudadanos.
Llevar a cabo la convivencia
8. En efecto, la ambición de la política es la
"convivencia" de personas y de grupos que, sin ella, permanecerían
ajenos los unos a los otros. "Aquellos que sospechan que la política es
infamia, a menudo no se hacen más que una idea limitada... La acción política
se plantea un reto excepcional: tender hacia una sociedad en la que cada ser
humano reconozca a su hermano en cualquier otro ser humano y lo trate como
tal".
Pretender alcanzar el bien común
9. La organización política existe por y para el bien
común, que es algo más que la suma de intereses particulares, individuales o
colectivos, a menudo contradictorios entre sí. "Comprende el conjunto de condiciones de vida social que permite a los
hombres, familias y agrupamientos sentirse realizados de forma más completa y
sencilla." Así, debe experimentar una búsqueda infinita de aquello que sea
útil para la mayor cantidad de gente, lo que permita mejorar la situación de
los menos favorecidos y de los más débiles. Ha de tener en cuenta no solamente
el interés de las generaciones actuales, sino también, bajo la perspectiva de
un desarrollo duradero, de las generaciones futuras.
Controlar la violencia
10. La violencia se encuentra en el núcleo de la
condición humana. Uno de los objetivos de la política consiste en controlarla
allí donde se presente: delincuencia, criminalidad, toma de rehenes,
injusticias flagrantes, conflictos de intereses, guerras en resurgimiento,
amenazas a la paz interior o exterior... Con objeto de salir de la animalidad
de la violencia brutal, se reserva al Estado el monopolio de la coacción física
legítima y controlada. Se intenta sustituir esta violencia por el derecho y la
palabra. Se instauran instituciones y procedimientos de mediación para preservar
al
hombre de sus propias desviaciones, en concreto, buscando
un equilibrio justo entre poder judicial y poder político, con el fin de
garantizar la libertad de cada ciudadano. De esta forma, y bajo la garantía de
la seguridad, podrán vivir juntos y reconocerse como seres iguales y diferentes
ciudadanos y ciudadanas de sexo, edad, clase social,
origen, cultura, creencias, etc., distintos y, a menudo, opuestos. La política es en cierto modo el
"mayor englobador" de los diferentes sectores de la vida en sociedad:
economía, vida familiar, cultura, entorno. Se encuentra en todas partes, pero
no lo es todo. Caeríamos rápidamente en el totalitarismo si el Estado
pretendiera asumir la carga directa del conjunto de las actividades cotidianas.
Valorar la labor política
11. Es imposible negar la nobleza del compromiso
político. Los abusos existentes no deben constituir el árbol que oculte el
bosque de todos aquellos que, animados por la preocupación de la justicia y de la solidaridad, se desviven por el bien común
y conciben su actividad como un servicio y no como un medio de satisfacer su
ambición personal. Denunciar la corrupción no equivale a condenar la política
en su conjunto, ni justificar el escepticismo y el absentismo en relación con
la acción política.
III. La luz de la fe cristiana
12. La fe cristiana es uno de los principales componentes
de la historia y la cultura europeas. Para participar en la grande y bella tarea de
"convivir", nuestra fe cristiana no nos ofrece ni instrumentos originales
de análisis y estrategia, ni modelos institucionales que aplicar. Sin embargo,
nos incita a contribuir a la búsqueda común junto a todos los hombres de buena
voluntad. Nos ofrece determinadas referencias éticas y espirituales que podemos
compartir con muchos de nuestros contemporáneos que no tienen nuestra fe.
La fe cristiana ofrece... un sentido
13. Nuestra fe cristiana nos propone un sentido capaz de
orientar toda la existencia personal y colectiva. El hombre, creado libre y
responsable a la imagen de Dios, debe continuar la obra del Creador, cuyo
objetivo consiste en reunir toda la humanidad en el Cuerpo de Cristo
resucitado. En él seremos todos uno, seremos una comunidad en la que cada uno
será plenamente reconocido como hijo de Dios. Al esforzarnos por lograr la
"convivencia" de todos, para convertir la tierra en un lugar habitable
para todos, anticipamos al corazón del mundo, "tanto en el cielo como en
la tierra", esta comunión de personas, labor que debemos llevar a cabo sin
cesar a pesar de que su realización es siempre imperfecta.
... referencias
14. Nuestra fe cristiana nos ofrece igualmente
referencias que iluminan nuestra reflexión e inspiran nuestra acción.
§ 1 - La primacía de la dignidad de la persona. Todas las
instituciones y todas las sociedades están al servicio de la promoción del
hombre, que ha de tomar la palabra y participar. "El sábado está hecho
para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc 2,27).
§ 2 - La atención particular prestada al pobre, al débil,
al oprimido, vivas imágenes del Cristo encarnado: "Lo que hacéis con uno
de estos pequeños, lo hacéis conmigo" (Mt 25, 40). La grandeza de la
política consiste en reconocer, integrar y promover a los menos favorecidos,
los excluidos, y erradicar las condiciones deshumanizantes de la existencia.
§ 3 - El poder concebido como un servicio, no como una
dominación: "Sea que el dirige como el que sirve" (Lc 22,26).
§ 4 - El respeto al adversario: él también tiene su parte
de razón. El Evangelio nos invita incluso a ir más allá: "Amad a vuestros enemigos, orad por los
que os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos,
que hace salir el sol sobre malos y buenos" (Mt 5, 44-45).
§ 5 - La apertura al universalismo, especialmente
rebasando todo nacionalismo y racismo. "Dios no hace distinciones entre los hombres; pero sea cual sea su
raza, acoge a los hombres que le adoran y que hacen lo justo" (Ac 10, 34-35).
§ 6 - El reparto y el destino universal de los bienes.
"Si alguien que disfruta de las riquezas del mundo ve a su hermano en la
necesidad y le cierra sus entrañas, ¿cómo conservará en él el amor de
Dios?" (1 Jn 3,17). ¿No ha "destinado Dios la tierra y todo lo que
encierra al uso de todos los hombres y de todos los pueblos, de forma que los
bienes de la creación afluyan equitativamente entre las manos de todos, según
las reglas de la justicia, inseparables de la caridad"?
... una esperanza
15. Por último, la fe cristiana nos arraiga en la
esperanza del don de Dios que nos llama a comulgar plenamente con nuestra vida
para siempre. Esta esperanza, fundada en la resurrección de Cristo, llena de
peso nuestras tareas terrestres por las cuales nos esforzamos por humanizar
nuestro mundo. Es toda una certeza fundada en Dios que no se perderá nada de lo
que hagamos por amor, ni siquiera la ofrenda de un simple vaso de agua fresca
(Mt 11, 42). "Estos valores de dignidad, de comunión fraternal y de
libertad que propaguemos en esta tierra los encontraremos más tarde, aunque
purificados de toda mancha... Misteriosamente, el Reino está ya presente en
esta tierra, alcanzará su perfección cuando el Señor vuelva."
CAPÍTULO II. VIVIR JUNTOS LA DEMOCRACIA
16. A lo largo de las épocas y en las distintas
civilizaciones, las sociedades humanas han experimentado múltiples tipos de
organización política. En la actualidad, intentamos lograr la "convivencia"
en el marco de la democracia. Este sistema no colma totalmente las expectativas
de los hombres pero, en su formato occidental, fundado sobre
el equilibrio de poderes y la soberanía de un pueblo de ciudadanos iguales en
derecho, se presenta como el modelo más humanizante, incluso aunque sea
necesario regenerarlo constantemente.
Una democracia amenazada de anemia
17. Desde hace medio siglo, el espíritu de la democracia
se ha ido ganando cada vez más Estados y territorios en detrimento de los regímenes
totalitaristas. La democracia triunfa en los espíritus y ya no se discute
apenas, salvo por parte de las ideologías anticuadas o reaccionarias que no
aceptan realmente la igualdad de los hombres ni su vocación de
libertad y fraternidad social. No obstante, la democracia engendra demasiado a
menudo el desencanto y la morosidad de los que la heredan.
Parece estar envejeciendo y sufrir anemia; revela algunos
de sus límites y de sus fragilidades.
Muchos ciudadanos se convierten en consumidores que cada
vez reclaman más derechos garantizados, aceptando siempre menos deberes
compartidos. Y es que la democracia no es una circunstancia surgida de forma
espontánea ni un logro definitivo, sino el resultado de combates de
generaciones sucesivas, que cada generación debe retomar
y llevar a cabo por su cuenta.
18. La causa principal de la fragilidad de nuestras
democracias reside en esta invasión del individualismo extremo, del "para
uno para sí mismo", fruto de un liberalismo que rechaza cualquier coacción
y de la permisividad generalizada que permite que cada uno haga lo que le
plazca.
Viviendo en un imaginario social en el que dominen el
miedo al futuro y la ausencia de un proyecto global, los franceses, prisioneros
del instante y de la emoción, se aferran a sus ventajas, piden al Estado-providencia
que les tranquilice y que les aporte resultados inmediatos. Otra de las causas reside
en la exacerbación de las diferencias, en los reflejos de identidad o étnicos
de grupos que, sintiéndose amenazados o ignorados, recurren a la violencia,
desean acallar y excluir a los otros.
Una política de apertura y animación transformaría estas
diversidades en modos de integración social y de mezcla cultural para evitar
estos problemas.
Las exigencias de la democracia
19. La democracia necesita virtud, tanto para los
dirigentes como para los propios ciudadanos. Precisa una ética que descanse en
un sistema de valores esenciales: libertad, justicia, igualdad de dignidad de las personas, lo que denominamos el respeto
de los derechos del hombre. Es necesario imponer una vigilancia ante
determinados tipos de funcionamiento democrático que parecen minar progresivamente
estas virtudes que incluso la democracia precisa: ello se da concretamente
cuando se considera que una decisión es válida simplemente porque es el fruto
del voto mayoritario. Resulta igualmente urgente comprender que los derechos de
cada uno constituyen los deberes de todos. La noción de ciudadanía, tantas
veces discutida en la actualidad, no se reduce al mero control, a intervalos
regulares, de los responsables políticos escogidos en las elecciones sucesivas.
Cada uno porta su propia fecundidad social que hay que valorar. Pasar del
estado de ciudadano-consumidor al de ciudadano-actor es un objetivo
fundamental. La política es obra de todos. Resulta vano esperar de la clase
política, de los dueños de las empresas, de la policía, de los magistrados y de
los detentores del poder un civismo que no sea el del conjunto de la población.
Comportamientos e instituciones democráticas
20. No existe una verdadera democracia sin
comportamientos democráticos: aprender a conocer y a reconocer al otro;
fomentar el debate en vez de la lucha; desarrollar el diálogo y el sentido del compromiso;
hacer prevalecer la razón sobre la pasión; prohibir el uso de la violencia y de
la mentira. La democracia implica, antes de realizar cualquier elección, la
reflexión y el debate, la información y el análisis, reglas del juego
controladas. La labor indispensable de los partidos políticos consiste en
alimentar el debate público. Los sindicatos, las asociaciones diversas y una prensa
libre deben contribuir a ello. Resulta deseable que las propias Iglesias tomen
la palabra en este ágora. La democracia de representación necesita ser renovada
con urgencia, en especial mediante un mayor acceso de las mujeres a las
funciones públicas y mediante una clarificación de los niveles de decisión territorial. Requiere una
democracia participativa. El ámbito de la participación ciudadana en las
decisiones más cercanas como respuesta a sus necesidades es muy amplio: la escuela,
la vivienda, la sanidad, los transportes, el urbanismo, la planificación del
tipo de vida, la lucha contra la delincuencia, la inserción, la formación continua,
las iniciativas creadoras de empleo, animación social y cultura.
El aprendizaje de la democracia
21. La democracia se aprende mediante su práctica a lo
largo de toda la vida. Una sociedad de asistencia puede desembocar en la
irresponsabilidad, así como en la degradación, incluso a la muerte de la
democracia. Esta educación permanente afecta a la comprensión de los grandes movimientos
de nuestras sociedades y de las instituciones que se esfuerzan por conducirlos,
a la formación con conciencia crítica y sobre todo a la toma de
responsabilidades.
§ 1 - La vida familiar constituye el primer lugar de la
socialización del niño, del aprendizaje de las reglas de la vida en sociedad,
del despertar de la conciencia moral, de la educación en el sentido del bien y
del mal.
§ 2 - Por su parte, la escuela desempeña una función
primordial, en concreto a través del reconocimiento y respeto del prójimo, la
apertura a un mundo por construir, el aprendizaje del trabajo en equipo y la difusión de una cultura de la responsabilidad.
§ 3 - La etapa de la juventud podría privilegiarse
gracias a la toma de conciencia de la importancia de la labor política abierta a escala de la humanidad.
Los jóvenes suelen estar a favor, en su mayoría, a los derechos del hombre, preocupados por los
progresos de la paz y de la solidaridad, pero pocos de ellos entienden la importancia de la
política que, sin embargo, es la principal forma de encarnación de estos valores. "Os pido, jóvenes del
año 2000, decía el Papa Juan Pablo II el 8 de mayo de 1995, que estéis atentos a la cultura del odio y
de la muerte que se manifiesta. Rechazad las ideologías intolerantes y violentas, rechazad
cualquier forma de nacionalismo exacerbado e intolerante: es ahí donde se insinúan de forma insensible
la tentación de la violencia y de la guerra.
Se os confía la misión de abrir nuevas vías para la
fraternidad entre los pueblos, para construir una familia humana única".
§ 4 - Atención especial merecen las múltiples cadenas de
la vida asociativa, las iniciativas de desarrollo local y solidario, las
instancias de concertación y programación en las que los hombres y mujeres expresan sus aspiraciones y definen sus
prioridades. En estos escalones de proximidad, existe una serie de actores que
adoptan responsabilidades precisas. Los nuevos medios de comunicación
(Internet) y de intercambio (periodos de prácticas, viajes) crean vínculos
directos entre grupos: se comparten las experiencias, que concilian el
arraigamiento en un compromiso concreto y la apertura progresiva a lo
universal.
§ 5 - Conocemos la enorme influencia ejercida por los
medios de comunicación (especialmente los audiovisuales), que modelan comportamientos y valores.
Permiten informar rápidamente y descubrir lo que ocurre en cualquier lugar del
mundo. Pero simplificar las cosas, jugar a la "política espectáculo", otorgar la primacía a la emoción en
vez de a la razón y, a veces, arrojar la sospecha sobre los actores políticos
son tentaciones a las que a veces resulta difícil resistirse. ¿No podrían los medios
tener una visión crítica de sus propias prácticas, ejercer una autorregulación
y respetar un código deontológico que limitase los riesgos de desviación?
También sería deseable que cada uno aprendiera a servirse mejor de estos
poderosos medios de comunicación.
La enseñanza de la Iglesia sobre la democracia
22. La Biblia no podía tratar el régimen democrático. No
obstante, existe una convergencia real entre los valores de la democracia y las
fuentes de inspiración de la fe cristiana. Se desprenden tres puntos esenciales
de las enseñanzas constantes de la Iglesia, que constituyen la fuerza
renovadora de la verdadera democracia.
§ 1 - Destaca la importancia de los cuerpos intermedios
(partidos, sindicatos, asociaciones, colectividades, Iglesias...) que ayuden a la
responsabilidad de todos y frenen los riesgos de abuso de poder de los de arriba.
§ 2- Desde hace largo tiempo, pone énfasis en el
principio de subsidiariedad, según el cual, por una parte, hay que dejar al
escalón organizativo más cercano lo que éste pueda tratar. Por otra parte, invita
a remitir al escalón inmediatamente superior y así sucesivamente de forma
ascendente, aquello de lo que las instituciones más ligeras no puedan hacerse
cargo.
§ 3 - Por último, fundamenta el reconocimiento del pluralismo.
Éste no consiste en la neutralidad ni en la indiferencia, sino que manifiesta
la relatividad de los pensamientos y de los programas políticos, que jamás
pueden pretender encarnar toda la verdad.
CAPÍTULO III. EUROPA Y LA MUNDIALIZACIÓN, NUEVAS DIMENSIONES
23. La democracia no puede limitarse a los problemas
locales, regionales o nacionales. Europa se construye, el mundo se unifica,
exigiendo nuevas regulaciones a la altura de los retos que hay que superar.
Estas nuevas dimensiones, a menudo consideradas una fatalidad, merecen ser consideradas
ocasiones para crear proyectos de movilización.
I. Europa, una aventura que llevar a cabo Un bello logro
Desde hace casi cincuenta años, y gracias a la tenacidad
de los políticos, Europa se ha ido construyendo a través de los pueblos y las
instituciones que en ella se han ido creando. El objetivo fijado fue lograr la paz, la reconciliación y la
solidaridad de los países duramente enfrentados en el transcurso de las dos guerras mundiales. Los progresos
económicos, sociales y culturales han sido considerables, pero queda un largo camino por recorrer.
24. El Consejo de Europa, cuyo 50 aniversario se celebra
este año, reagrupa en la actualidad, desde la caída del muro de Berlín, 40 Estados miembros y cuatro
Estados asociados. No podemos por más que alegrarnos de los objetivos logrados
en el ámbito del fortalecimiento de la democracia pluralista mediante la
preeminencia del derecho, la promoción de la cohesión social y cultural y todos
los mecanismos puestos en funcionamiento para proteger los derechos del hombre
y los derechos sociales. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que
recientemente adquirió carácter permanente, así como el mecanismo de control de
los derechos garantizados por la Carta Social, son dos ejemplos convincentes de
ello.
25. Por su parte, la Unión Europea, creada hace 50 años
por el Tratado de Roma, ha pasado de seis a quince Estados. Su objetivo fundamental consiste en
establecer una unión cada vez más estrecha entre los pueblos. Ha logrado crear una moneda única, que
debería constituir un factor importante de estabilidad monetaria. Ha comenzado
las negociaciones para su ampliación a una decena de países de Europa Central y
del Este. A pesar de su lentitud, sus pesadeces y, a veces, sus desencantos, la
Unión Europea ha sido la encargada por una comunidad de Estados para velar por
un futuro común respetando las diversidades. Se trata de una invitación a
cambiar de escala y a liberarse de las visiones demasiado nacionales y
dependientes del pasado. ¿No es necesario que cada uno profundice en su
conocimiento de Europa y de sus instituciones y participe en las decisiones que
comprometan su futuro? ¿No tienen los candidatos y las formaciones políticas el
deber de poner a disposición de todo el mundo toda la información necesaria,
hacer comprender lo que está en juego para que cada uno decida con conocimiento
de causa?
Definir los objetivos del mañana
26. Cuanto más aumenta la Unión Europea, más necesario
resulta el proyecto común y la definición de sus finalidades. No se trata sólo
de un gran mercado. Manifiesta que la política no puede reducirse a la
economía. Reclama tener una dimensión social, cultural, humana y espiritual. La
Unión Europea incita a sobrepasar las fronteras, a evaluar de nuevo el sentido
de la nación, el ámbito de competencias de los Estados, la vocación de las
regiones, equilibrar claramente los poderes. Fomenta la búsqueda de un bien
común superior al de los Estados nacionales. Se trata de una etapa hacia la universalidad. Para ello, debe salvar
las distancias entre sus instituciones y las opiniones públicas, fomentar la
emergencia de un poder político europeo, lograr un acuerdo en torno a sus
finalidades y suscitar la participación activa de todos los ciudadanos, en
concreto, de los jóvenes, y, por este motivo, conferirse una mayor legitimidad
democrática. Las instituciones no construirán Europa por sí solas. Son los hombres quienes
deberán hacerlo.
Construir la paz en el mundo
27. Sin abandonar la exigencia de una fuerza de intervención
al servicio de la paz en el mundo, la Europa unida marca también la voluntad de
renunciar para siempre a la guerra y establecer definitivamente la paz entre
las naciones que desencadenaron dos conflictos mundiales a lo largo de este
siglo. Nos invita a extraer una lección de las formas de mesianismos que dotan
de carácter absoluto a las razas, naciones o clases, y que hacen y
han hecho tanto daño. Los recientes o actuales conflictos manifiestan la
urgente necesidad de crear una cultura de la paz.
Vivir una cierta idea del hombre
28. La Europa unida es también una cierta concepción de
la persona, fruto, al mismo tiempo, de la filosofía antigua y del mensaje cristiano. Ello conlleva
la imperiosa obligación de la Unión Europea y de las naciones que la componen
de promover, proclamar con fuerza y practicar escrupulosamente los derechos del
hombre en su universalidad e indivisibilidad. Una de sus funciones es sentirse responsable
de este mensaje con humildad y sin voluntad de hegemonía.
Conservar la apertura al mundo
29. La Europa unida no puede encerrarse en sí misma. Está
abierta al mundo, tal como lo ha manifestado a lo largo de su historia, a
través de su entusiasmo misionero, a través de sus vínculos con todos los
pueblos del planeta. La superación de las fronteras y de los conflictos puede
ser una referencia para el resto de los continentes y un factor de equilibrio
para un mundo desorientado.
Habrá que aprender a compartir con los otros pueblos del
sur y del este, a dar más importancia al tipo que al nivel de vida, a la
calidad de las relaciones de reciprocidad más que a la acumulación de bienes. Con Europa, podemos, si así lo queremos, pasar de
una búsqueda desenfrenada del crecimiento a preocuparnos por un desarrollo
duradero y solidario.
II. La mundialización, un desafío para la democracia
Una fatalidad aparente
30. En la actualidad, casi todo se decide a escala
mundial: la moneda, el medioambiente, la paz y la guerra, la lucha contra la
droga, la seguridad colectiva e incluso la justicia. Ya en 1967, el Papa Pablo
VI declaró en su encíclica Populorum progressio: "La cuestión social ha
adquirido carácter - mundial" y "el desarrollo es el nuevo nombre de
la paz". En la actualidad, la mundialización da miedo. Se muestra menos
como una nueva dimensión de las actividades humanas que como una especie de
fatalidad que se nos impondrá a todos nosotros. En efecto, la mundialización económica,
financiera y mediática que barre fronteras y culturas, se presenta como un
desafío terrible para la democracia y el futuro de la humanidad. Se trata de
una realidad evidente que subyace a los cambios y a las percepciones. Para
algunas personas, se trata de una etapa obligada para llegar al bienestar de la
humanidad. El Papa Juan Pablo II declaró recientemente lo siguiente en su Exhortación
Apostólica "Ecclesia in America" a propósito de las Iglesias del
continente americano, aunque este mensaje es aplicable a todo el mundo
occidental: “Si la mundialización se rige exclusivamente de conformidad con las
leyes de mercado aplicadas en beneficio de los más poderosos, las consecuencias
sólo pueden ser negativas. Entre ellas, destacan la atribución de un valor absoluto a la economía, el desempleo, la
disminución y el deterioro de determinados servicios públicos, la destrucción
del medioambiente y de la naturaleza, el aumento de las diferencias entre los
ricos y los pobres, la competencia injusta que sitúa a los países pobres en una
situación de inferioridad siempre muy marcada. Aunque la Iglesia tiene en
cuenta los valores positivos que conlleva la mundialización, también considera
con inquietud los aspectos negativos".
... que apela a un control colectivo
31. La mundialización no tiene la fatalidad ni la
omnipresencia que algunos le atribuyen: será lo que los grupos humanos y sus
representantes hagan de ella. En lugar de dotarla de un carácter diabólico,
mejor sería intentar humanizarla reforzando la solidaridad entre los pueblos y
entre los
grupos, moralizando el mercado y reconociendo la dignidad
inalienable de todas las personas. "A través de su doctrina social, la
Iglesia ofrece una aportación válida a la problemática de la actual economía
mundial. Su posición moral en este sentido se apoya en tres piedras angulares fundamentales
de la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiaridad. Es preciso analizar
la economía mundializada a la vista de los principios de la justicia social,
respetando la opción preferente de los pobres, que deben llegar a ser capaces
de defenderse en una economía mundializada, y de acuerdo con las exigencias del
bien común internacional..."
Desafíos a la altura de la humanidad
La mundialización se presenta como un inmenso desafío que
hay que tener en cuenta para lograr la dignidad de cada persona en su
singularidad, de cada pueblo en su particularidad histórica y cultural, y de la
humanidad en su unidad y universalidad.
Desafío político
32.La sociedad precisa una orientación ética y política
que tienda a subordinar la economía a la política. En efecto, ésta deberá
reencontrar sus derechos de forma que la humanidad pueda coger las riendas de
su destino en este nivel y sentirse ciudadana del mundo. Recordemos las
palabras de Juan XXIII en "Pacem in Terris" a este respecto: "En
la actualidad, el bien común universal plantea problemas de dimensiones mundiales
que sólo puede resolver una autoridad pública cuyo poder, organización y forma
de acción tenga también una dimensión mundial, y que pueda ejercer su acción en
toda la extensión de la tierra".
Los acuerdos multilaterales formalizados entre Estados,
entre los conjuntos continentales organizados (como la Unión Europea), las
intervenciones laboriosas de la ONU y organismos dependientes, marcan una
primera etapa en este sentido. Estamos presenciando por doquier la militancia
de las Organizaciones No Gubernamentales atentas a esta dimensión mundial, organizaciones
que demuestran los principios de una sociedad civil internacional y se
convierten en los interlocutores escuchados por los Estados y las instancias
internacionales, especialmente en el ámbito de un desarrollo duradero, de la
paz, del respeto de los derechos del hombre y de la justicia.
Desafío cultural
33. En el ámbito de la cultura, la mundialización puede
propagar el progreso de las ciencias, de la sanidad y de la educación. Debe
favorecer los intercambios, los encuentros, aumentar las opciones, tener en
cuenta las culturas particulares para transmitir las innovaciones beneficiosas.
Se ha hablado en ocasiones con tono catastrofista de los choques culturales y
de los conflictos de civilización. ¿Qué tipo de aberración llevaría a los
pueblos a destrozarse mutuamente en nombre de sus respectivas culturas? ¿Acaso
no es cada cultura el fruto y la semilla de una evolución propia que se
alimenta del diálogo con otras culturas y de su resistencia a la universalidad?
Desafío moral
34. Ahora que acabamos de celebrar el 50 aniversario de
la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, es un buen momento para
recordar la bella expresión que figura al principio de la misma y profundizar
en ella: "la dignidad intrínseca de todos los miembros de la familia
humana". Gracias a su dimensión universal, a su arraigamiento en la
diversidad de las culturas y dado su largo compañerismo a lo largo de la
historia, la Iglesia ejerce una labor y puede enviar un mensaje excepcional
para que cada hombre, cada mujer y todos juntos puedan convertirse en los
actores de su propia evolución y en los edificadores de un mundo más libre y
más humano.
Llamamiento
35. La Iglesia no
se aleja mucho de su misión cuando toma la palabra en el terreno político:
concierne al hombre y a la humanidad. Cómo dejar de
recordar el interrogante planteado en las primeras páginas de la Biblia"
¿Qué has hecho de tu hermano?" (Gn 4,9). ¿Acaso no es el terreno de la
política, según la célebre frase del Papa Pío XI, "el terreno de la mayor
caridad, la caridad política"? Actuando en pro del bien común, al servicio
de todos y sin ambiciones de poder, los cristianos se sienten a gusto en una
sociedad democrática y laica. Aportan su contribución sin aceptar que su fe
quede relegada al "ámbito de lo privado". Esta fe tiene una dimensión
humana y social. Para permanecer viva, la democracia ha de tener
en cuenta sus referencias religiosas y filosóficas en el debate político.
36. Los cristianos saben que la política no lo es todo en
la vida de las personas, puesto que, para ellos, el hombre sólo se realiza
plenamente en Dios. No obstante, saben también que participan en los designios de Dios sobre la humanidad al obrar a favor
de la unidad de la familia humana y de la dignidad de cada uno de sus componentes. De esta forma,
trabajan en pro de la instauración del Reino de Dios en la tierra, incluso
aunque este Reino no llegue a alcanzar nunca su plenitud en este mundo.
37. La Iglesia no tiene ni competencia técnica propia ni
poder institucional a efectos políticos, pero posee la vocación para estimular las energías
espirituales, para recordar la labor fundamentadora de los valores de
trascendencia y espiritualidad para construir un mundo más digno de los
hombres, hijos de Dios. Invita a los cristianos a buscar, en sus propios grupos
y movimientos respectivos, a discernir, a actuar con los demás creyentes y con
los hombres de buena voluntad. Por este motivo, y de acuerdo con el documento
de los obispos de Francia Pour une practique chrétienne de la politique de 1972
y de su Lettre aux Catholiques de France de 1996, repetimos el llamamiento para
constituir espacios de reencuentro, de reparto y de confrontación entre
personas comprometidas de diversas formas con la política para lograr una mayor
coherencia entre el compromiso personal y la llamada del Evangelio.
17 de febrero de 1999
Los obispos de la Comisión Social:
Olivier de BERRANGER, obispo de Saint-Denis,
presidente de la Comisión Social
Louis DUFAUX, obispo de Grenoble,
Comité episcopal socio-caritativo
Bellino GHIRARD, obispo de Rodez,
Comité episcopal de la Salud
André LACRAMPE, obispo de Ajaccio,
Comité episcopal socio-económico y político
Jacques NOYER, obispo de Amiens,
Comité episcopal de Turismo y Ocio
Michel POLLIEN, obispo auxiliar de París,
Comité episcopal de Justicia y sociedad
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